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El blog de Silverfox

Sociedad

Si no hubiese inmigrantes

    Quizá algunos se hayan planteado alguna vez qué pasaría en España si no hubiese extranjeros venidos de todas partes del mundo y qué ventajas e inconvenientes tendría.

    Pero no hace falta ser muy listo para enumerar algunos de los beneficios que obtendríamos si se fuesen los inmigrantes:

    1. Una enorme reducción de la delincuencia y una gran mejora de la seguridad ciudadana. La tasa de delincuencia entre inmigrantes es siete veces superior a la de los españoles, y eso sin tener en cuenta que entre los españoles hay gitanos y extranjeros nacionalizados.

    2. Los servicios públicos sanitarios dejarían de estar colapsados, la educación, que de entrada estaba mal y ha sido reducida a niveles paupérrimos por meterles en clase, incluso sin hablar español, se recuperaría sensiblemente y los transportes públicos (cercanías, metro, autobuses) se descargarían sensiblemente.

    3. Reducción del presupuesto de ayudas sociales, que además se destinaría únicamente a españoles, que son quienes más las necesitan.

    4. Mejora del pequeño comercio local, que se libraría de la competencia desleal e ilegal que suponen los negocios chinos, árabes y sudamericanos.

    5. Incremento de la productividad. Millones de personas sin cualificación se marcharían de golpe. Sólo estadísticamente la productividad crecería. La reducción del exceso de mano de obra no cualificada obligaría a gobierno y empresas a esforzarse por aumentar la productividad.

    6. Paz y tranquilidad para miles de vecinos, menos ruidos en las casas, desaparecerían las peleas y reyertas de moros y sudamericanos, liberación de espacios públicos (parques, centros deportivos) que han sido invadidos por inmigrantes.

    7. De cerca de siete millones de inmigrantes que hay, menos de dos millones cotizan a la Seguridad Social (es decir, un 30% aproximadamente). Eso significaría librarnos de casi cinco millones de improductivos que parasitan el sistema.

    8. Fin de la fuga de capitales que suponen los inmigrantes. Mediante remesas -como el dinero que mandan los ecuatorianos o peruanos a sus familiares que se han quedado en sus países de origen-  hemos perdido 7.000 millones euros al año.

Generación noqueada

    Ayer fue publicado en El País, un artículo con el título "Generación noqueada", que se puede ver en el siguiente enlace:

    http://www.elpais.com/articulo/portada/Generacion/noqueada/elpepusoceps/20100314elpepspor_9/Tes

    Aunque es un poco largo, merece la pena leerlo, porque explica muy bien la brecha generacional que hay en la España actual y cómo los jóvenes de ahora nos estamos comiendo de lleno la crisis. Una línea similar a la de otro artículo escrito en este blog: "La generación más maltratada de la historia", en el que se expone que miles de jóvenes preparadísimos, con carrera/s, posgrados (masters y doctorados) y que dominan varias lenguas se ven como becarios o contratados por obra y servicio pasados los 30 años y encima parecen los reyes del mambo en comparación con la gente de su entorno que tiene la misma edad (mientras ellos siguen de becarios, en muchos casos, sus amigos o familiares de su edad están aún peor, porque se han quedado en paro por la crisis), mientras gente de 60 años que no sabe ni encender un ordenador gana 3.000 euros al mes o goza de estupendas prejubilaciones y pensiones.

    Algunos estamos completamente hartos de que se hable a todas horas de la edad de la clase dirigente cubana o de algunos países asiáticos acostumbrados a tener en sus altos cargos gente bastante mayor y no se diga ni una palabra de la gerontocracia española.

    Claro que esta última es más invisible que la de los países anteriores. En esos países orientales, como China o Japón, los presidentes y ministros suelen tener más de 60 años, mientras en la España "democrática" generalmente ha habido presidentes jóvenes: Suárez, Aznar y Zapatero accedieron al poder con 43 años y Felipe González sólo con 40. El único que llegó a presidente con más de 50 años fue Calvo Sotelo. También los vicepresidentes y ministros han sido jóvenes en muchos casos (por ejemplo, Alfonso Guerra llegó a vicepresidente con 42 años, Narcís Serra fue ministro con menos de 40 o Bibiana Aido, la "miembra" de Igualdad, tiene poco más de 30, sólo la vicepresidenta Fernández de la Vega tiene ya 60 años, e incluso aparenta más).

    Es decir, que en las cabezas más visibles no se nota mucho esta gerontocracia a la española. Pero si exploramos un poco más, podemos ver, por ejemplo, que Radiotelevisión Española (RTVE) está presidida por un fósil de más de 80 años, Alberto Oliart, que ya tenía bastante más de 40 cuando murió Franco.

    Podemos seguir mirando a fondo los cargos directivos de las principales empresas, organismos patronales, sindicatos, universidades y hasta instituciones deportivas, como federaciones o clubes de fútbol. Seguro que encontraremos muchos dirigentes que ya no cumplen los 60 o, al menos, superan con holgura los 50.

    Aún hay más: esta gerontocracia no se ve únicamente en los altos cargos de la sociedad, sino en la propia mentalidad. Generalmente, la opinión de un viejo suele inspirar más credibilidad que la de un joven, aunque el viejo sólo diga tonterías y el joven tenga la cabeza bien amueblada y las ideas muy claras.

    Por último, tenemos un mercado de trabajo dual, dividido en dos castas: una privilegiada, con un alto coste de despido, y otra de parias, en la que entran los jóvenes actuales, baratos y fáciles de despedir, aunque estén mucho más preparados que los del primer grupo. Así se da lugar a mecanismos perversos, como personas de más de 50 años, que llevan 30 en la misma empresa, hace años que no aprenden nada y están absolutamente apalancadas, pero la empresa no las echa ni con aceite hirviendo porque le saldría más caro despedir a esa gente con contratos blindados que seguir pagándoles religiosamente la nómina todos los meses.

    Y en el otro bando, jóvenes que hace años que terminaron la carrera, con posgrados y cursos de formación complementaria, que cumplen los 30 años con becas miserables (un poco mejores si son becarios de alguna Administración Pública, como universidades o ministerios, donde suelen cobrar más de 800 euros), viviendo en casa de sus padres y si pueden mantener un tren de vida bueno es gracias a la ayuda económica familiar, el colchón familiar que hace verdaderos milagros. Si se independizasen tendrían que meterse en un piso-patera, comer todos los días garbanzos y bocatas y hacer botellón con litronas del Lidl o el Opencor de la esquina, nada de salir a cenar a restaurantes caros, frecuentar discotecas de moda o comprar ropa de marca.

Dramático futuro de los jóvenes españoles

    Hoy en España más de la mitad de los jóvenes serían pobres si se independizasen y abandonaran el hogar familiar. Cuatro de cada diez jóvenes de 26 a 35 años de edad viven aún en casa de sus padres, lo que maquilla estadísticamente las cifras reales de pobreza que se producirían si abandonaran la casa paterna y tuvieran que afrontar gastos de vivienda, como la hipoteca o el alquiler, ya que en ese caso las tasas de exclusión social crecerían hasta alcanzar cifras cercanas al 60%, más propias de un país centroamericano o del Sudeste asiático que de Europa. La situación se agravaría aún más si "osaran" vivir en pareja, o tuvieran un hijo en hogares donde sólo uno de los dos miembros trabajase, lo que dispararía los niveles de pobreza hasta un 81% en ese grupo de edad.

    Muchos de los jóvenes españoles no pueden afrontar un mínimo proyecto de vida que incluya la legítima aspiración de tener un hogar propio y descendencia, algo cada día más complicado si no cuentan con ayuda familiar, aunque lleven un alto nivel de vida, completamente artificial, gracias al dinero de sus padres. De hecho, los bajos sueldos de la población juvenil no les permiten disfrutar de los parámetros de calidad de vida, bienestar y seguridad económica de los que gozaron no hace mucho sus padres, por lo que la desaparición inevitable a medio y largo plazo del colchón económico y de soporte a todos los niveles que representan los progenitores tendrá graves consecuencias socioeconómicas en las condiciones de vida de este sector de la población.

    Más de un tercio de los universitarios españoles trabaja en empleos precarios que no necesitan alta cualificación y que podría realizar cualquier persona con el Graduado Escolar o el título de la ESO, cobrando salarios mucho más bajos de lo que les corresponderían en caso de ejercer su profesión original, según un estudio de la Agencia Nacional de Evaluación de Calidad y Acreditación (ANECA) editado recientemente.

    Más del 45% de los trabajadores españoles entre 25 y 29 años tiene además un contrato temporal, lo que representa el doble que la media europea, según la agencia estadística Eurostat, con el consiguiente deterioro en las condiciones de vida que esta inseguridad implica para el desarrollo de un proyecto de futuro.

    Los titulados universitarios españoles no logran estabilidad laboral ni siquiera más de cinco años después de graduarse (hoy es hasta relativamente frecuente ver becarios preparadísimos y con una formación impresionante que terminaron la carrera hace diez años), y muchos no conseguirán nunca ocupación en la profesión para la que se prepararon durante años (¿quién no conoce a algún camarero, telefonista o limpiadora, con todo el respeto hacia esas profesiones, con estudios universitarios?). A estos datos habría que sumar las condiciones laborales de los jóvenes que ni siquiera han tenido la oportunidad de formarse y especializarse, cuyo horizonte vital a largo plazo es aún más descorazonador que el de los que disponen de estudios superiores.

    Todos ellos son hijos e hijas de la Europa del capital y de la precariedad laboral sin fronteras: jóvenes que viven para trabajar, sufriendo horarios interminables que no constan en las mil y una modalidades de contrato (o sin contrato siquiera, como es el caso de los becarios), con enormes dificultades para llegar a fin de mes y sin posibilidad de un mínimo ahorro ni de darse un capricho (a no ser que vivan con sus padres y les financien su tren de vida), sin derecho siquiera en muchos casos al disfrute de vacaciones, porque sus contratos se extinguen en los meses de verano para reaparecer misteriosamente justo después. Y en este contexto, la CEOE se atreve a pedir todavía más flexibilidad laboral.

    Ciertamente el panorama es infinitamente peor que en los años 70. La pregunta que nos podemos hacer es: ¿Cómo cambiar esta realidad y ofrecer a nuestros jóvenes un futuro más digno?

¿La generación más maltratada de la historia?

    La generación maltratada.  
 
    A principios de los 90 el país pasaba por una crisis económica como la actual, con tasas de paro similares a las de ahora, en torno al 20%. Sin embargo, la vivienda era relativamente barata. Lo caro era el crédito, con tipos de interés de hasta el 16%, por eso la vivienda era "barata", porque los prestamos al 16% limitaban mucho el dinero que se podía pedir prestado, y eso tiraba los precios de la vivienda hacia abajo. Así, la vivienda era barata en terminos de precio pero no de hipoteca para pagarla. Sin embargo, eso duró poco, pues de 1995 a 1998 los tipos de interés cayeron al 4%.

    Ahora, el empleo está tan mal como a principios de los 90, pero la vivienda no está tan bien como en aquellos años. Los pisos, aunque lleven dos años de bajadas, valen de media cuatro veces más que a principios de los 90, y aunque los tipos de interés están algo más bajos (1,5%) esto es algo excepcional, y en poco tiempo se situarán en un al menos un 4%, que es lo que pronostican todos los expertos.  
 
    Resumiendo, en los 90 teníamos: paro alto, vivienda asequible, tipos de interés alto (pero bajando rápidamente). En 2010 tenemos: paro alto, vivienda cara, tipos de interés bajos (pero que subirán con total seguridad). Vamos, en peor situación que en los 90, que ya es decir.  
 
    Somos además la generación maltratada por la jubilación. Mientras hemos sido espectadores impasibles del fenomeno de las prejubilaciones masivas vividas en los últimos 10 años (muchas de ellas incluso antes de los 52 años, lo cual era manifiestamente ilegal), estamos asistiendo ahora a ver como nos tendremos que jubilar con 67 años, que seguro que más tarde o temprano se quedará en los 70 años, porque lo de ahora de subir dos años más es sólo un parche para ir tirando los próximos años, y lo de los 70 no nos lo va a quitar nadie, a menos que expulsemos a la actual clase política. Pero eso no es todo. Nos jubilaremos mas tarde, y también cobraremos menos, pues para el cálculo de nuestras pensiones no se haría con los últimos 15 años como ahora, es posible que ni siquiera se quede en los 25 años (pese a que el sistema actual es perfectamente viable), sino que más tarde o temprano nos podrán imponer que se haga con la media de sueldo de toda nuestra vida laboral.

    Es decir, que se tendrá encuenta ese magnífico sueldo con el que muchos empezamos a trabajar con 20 años en el McDonald’s, mientras que los que se jubilan ahora, o prejubilan, lo hacen con sólo los últimos 15 años trabajados. Conclusión, trabajaremos más años que nuestros padres, y como regalo, cobraremos menos que ellos. Qué gran injusticia. Gente que se jubila con 50 años, y otros con 70. Que son 20 años de diferencia. Y cobrando menos que ellos.  
 
    Esta va a ser la primera generación de españoles que viva peor que sus padres. Si no, ¿quién hoy en día se puede permitir lo que hicieron nuestros padres, como mantener una familia de 4 ó 5 miembros, con un solo sueldo, y pagar además un piso a tocateja o en 10 años como máximo?

    Es fácil ver administrativos, que apenas tienen el graduado escolar y que ven como sus hijos, licenciados, con máster, otros posgrados y varios idiomas, no pueden acceder ni a una mísera plaza de auxiliar administrativo o se llevan con becas hasta bastante después de los 30 años. Tampoco es raro ver funcionarios administrativos con piso en el centro de Madrid, Barcelona, Sevilla o Zaragoza, comprado cuando la vivienda valía lo que tenía que valer, y a su lado compañeros funcionarios del grupo A, como ingenieros, arquitectos o psicólogos, que no se pueden comprar la casa que tiene su subalterno administrativo, y se tiene que conformar con un piso a las afueras, a pagar en 30 años, cuando el otro ya lo tiene más que pagado en menos de 10 años.

Algunas cuestiones sociales

    En el actual escenario de crisis económica y de incertidumbre respecto al futuro podemos plantearnos varias preguntas, recapitulando y ampliando los temas planteados en el artículo Equilibrio social en la España actual:

    1. El que antes, cuando la economía presuntamente iba bien, ya era submileurista, ¿cuánto cobraría ahora? ¿500 euros?

    2. ¿Cómo se podría salir adelante con unos ingresos tan bajos en ciudades caras,  como Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza o las capitales vascas?

    3. ¿Cómo se mantiene una familia, quién tendrá hijos?

    4. ¿Cuánto tardaremos en convertirnos en un país tercermundista?

    5.  ¿Quién va a comprar vivienda?

    Sobre las dos primeras, se puede resumir de esta manera:

    - Se puede vivir con un sueldo submileurista o hasta de 500 euros (como se plantea en el enunciado de la primera cuestión) en grandes ciudades como Madrid o Barcelona estando en casa de los padres indefinidamente. Como la solidaridad familiar española es muy fuerte y parece que se va a reforzar aún más en estos años, la gente puede permitirse el lujo de aceptar esos salarios: los usan para sus gastos, como viajar, comprarse ropa o irse de copas los fines de semana, mientras las necesidades básicas (vivienda, alimentación) corren a cargo de sus padres. Habrá más y más gente que nunca se independice y se verá con 60 años heredando la/s casa/s de sus padres.

    Y en el caso de las chicas (aunque sea recurrir a un tópico), si son avispadas, muchas se echarán novios bien situados, con sueldos de 1.500 euros para arriba. Por ejemplo, se dan casos de becarias que ingresan 800 euros/mes (algunos hasta consideran privilegiados a los becarios con la que está cayendo, aunque sigan en esa situación 10 años después de haber acabado los estudios) y se han casado o ennoviado con funcionarios técnicos de los grupos A y B (ahora se llaman A1 y A2), médicos o ingenieros con varios años de experiencia. De esta forma, pasan directamente de vivir de sus padres a depender de sus parejas.

    -  Sobre el punto de cómo va la gente a mantener a una familia y tener niños, nos podemos remitir a estos enlaces:

    http://culturitalia.uibk.ac.at/hispanoteca/Landeskunde-Spanien/Datos%20generales/Demograf%C3%ADa.htm (ver segundo artículo)
    http://www.elguijarroblanco.es/2009/11/22/el-peso-demografico-de-los-inmigrantes-seguira-aumentando-en-espana-durante-los-proximos-diez-anos/

    Simplemente, los españoles estamos renunciando a tener hijos, si exceptuamos a los ricos (banqueros, grandes empresarios, políticos, futbolistas, cantantes famosos) y las familias del Opus. Y hacemos bien: si somos la primera generación en la historia que vive peor que sus padres sin haber sufrido una guerra ni una catástrofe natural, preferimos no tener hijos, porque tampoco estamos seguros de que vayan a volver a vivir mejor.

    El problema es que se verá una caída en picado de la población española de origen, mientras los inmigrantes (sobre todo los musulmanes procedentes del norte de África) se reproducen como conejos. El resultado de todo esto: una rápida sustitución demográfica de españoles blancos por hijos de inmigrantes. Si no somos capaces de detener este fenómeno, vayámonos haciendo a la idea de que dentro de una generación estaremos rezando en dirección a La Meca, estudiando árabe, llevando fez o turbante y sin poder comer cerdo ni beber nada que tenga alcohol (se acabaron los cubatas, la cerveza, el whisky o el vino y desaparecerán los botellones o sólo se podrán hacer de forma muy clandestina). En Francia, después de tres generaciones de constante inmigración de las antiguas colonias africanas (en buena parte, de Argelia), los musulmanes son ya el 10% de la población (y mucho más en ciudades como Marsella), pero aquí el proceso será más rápido.

    - Respecto a la cuarta cuestión, no hace falta preguntarse cuánto tardaremos en convertirnos en un país tercermundista: ya lo somos. ¿No son rasgos tercermundistas la cada vez mayor desigualdad social, la falta de inversiones en I+D, que los científicos e investigadores más preparados tengan que irse al extranjero y muchos ni se planteen volver, aunque sólo sea para visitar a la familia unas pocas veces al año, que se haya desmantelado la industria en los últimos 25 años y que en muchas regiones españolas el 90% de las personas de 30 años vivan todavía con su familia? A todo eso, podemos unirle la solidaridad familiar española, que aunque a primera vista sea una cualidad positiva, en realidad es un arma de doble filo, que crea personas dependientes y a las que les cuesta buscarse la vida por su cuenta, además de ser un verdadero sustituto del Estado del bienestar: muchas funciones que deberían ser del Estado y otros poderes públicos son asumidas directamente por la familia. Esto también nos equipara a otras sociedades, como las de los países árabes o el África negra, donde la excesiva importancia de la familia se refleja en la organización social, en las kabilas y tribus.

    - Acerca del último punto, está muy claro: o bajan los precios de los pisos a niveles de hace 30 años o suben los salarios. Pero como haya una deflación salarial y los bancos dejen de conceder créditos como hace unos cuantos años, casi nadie podrá comprar vivienda a los precios actuales. Por tanto, la única solución para reactivar el mercado es que los precios se reduzcan un 90% y que sea fácil encontrar pisos a menos de 50.000 euros. Si no, seguiremos viendo casas que llevan años sin venderse.

    - Finalmente, aunque no sea respondiendo directamente a alguna de las anteriores preguntas, si el consumo interno no se hunde es por dos razones: porque la gente de 50-60 años con contratos blindados o plazas de funcionario conseguidas en los años 70 y 80 y casas terminadas de pagar desde hace muchos años mantiene un elevado nivel adquisitivo que les permite seguir comprando productos y porque la mayoría de los jóvenes parados o con becas y contratos por obra y servicio que raramente llegan a 1.000 euros de sueldo viven con sus padres, que pertenecen al grupo anterior y siempre pueden pedirles dinero para sus gastos.

    Así, no es raro ver becarios que cobran 800 euros, pero se permiten un alto tren de vida (aunque completamente artificial) gracias a la ayuda económica de sus padres: móviles, mp4’s, ipods y Play Stations de últma generación, coches nuevos que no bajan de 18.000-20.000 euros, almuerzos o cenas todos los meses en restaurantes caros y viajes de, al menos, 15 días o incluso de un mes entero en verano a Londres, Dublín o Amsterdam (aparte de las escapadas en Navidad, Semana Santa y puentes). Por supuesto, si tuviesen que vivir por su cuenta únicamente de su propio sueldo ni podrían soñar con ese nivel de vida, sólo subsistirían a duras penas y hasta caerían en la pobreza.

Los ni-nis siguen de actualidad

    Ayer, 23 de enero de 2010, se editó un artículo en el diario "Público" bajo el título "Ni-Ni: Ni tantos ni tan caraduras" (http://www.publico.es/espana/288252/ni-ni/tantos/tan/caraduras?ct=bounce&cf=lomas&cfid=detalle) en el que se matiza la imagen negativa de los jóvenes que ni estudian ni trabajan ni buscan un empleo.

    Pero este fenómeno (que no es realmente tan novedoso como algunos pretenden hacernos creer) tiene una explicación muy clara. No es que la generación joven actual no quiera trabajar ni se haya perpetuado en una eterna adolescencia, simplemente el sistema no la ha dejado crecer y desarrollarse. 

    ¿Qué se necesita para entrar el mundo de la vida adulta y responsable?

    Ante todo, un trabajo estable y duradero y, a ser posible, bien pagado, un lugar donde vivir de forma independiente y, si apuramos, una pareja también estable con la que compartir el resto de tus días hasta que la muerte nos separe, como decían antes en las bodas.

    Sin embargo, ¿cuál es la realidad social? 

    - Trabajo precario y mal pagado, cuando entras de becario al poco de acabar los estudios sabes que no te vas a quedar ahí en la vida, que te echarán a los seis meses o al año para poner a otro becario que trabaje en idénticas condiciones y que tu sueldo siempre será mísero. Así es imposible hacer planes a largo plazo, por eso es lógico vivir al día (carpe diem, que se decía antes) y si en esas condiciones algunos mantienen un alto nivel de vida es gracias a la ayuda económica a fondo perdido de sus padres (por eso, se trata de un tren de vida completamente artificial y dependiente de la familia, no basado en los ingresos propios).

      - Vivienda, para qué hablar. Antes directamente innacesible para una sola persona y esclavizados de por vida para una pareja, condenados a vivir en la pobreza debido al precio desorbitado de los pisos o tener que pedir ayuda a la familia frecuentemente e ir a comer a casa de los padres varias veces a la semana (a pesar de haberse "independizado" teóricamente). Ahora está empezando a cambiar de manera tímida y los precios de la vivienda están bajando, pero no sabremos si llegaremos a la situación de nuestros padres, cuando los pisos se pagaban como mucho en diez años.

    - Relacionado con lo anterior, ¿cuántos matrimonios duran toda la vida? Debido al hiperindividualismo actual las parejas no se soportan y rompen a la mínima, como las pataletas de los niños pequeños. Los índices de divorcios y separaciones han batido records históricos en los últimos años y sólo la crisis ha hecho que no sigan subiendo de forma imparable.

    En fin, cuando se supere la situación actual (que parece muy complicado), quizás dejemos hablar de ni-nis y de etiquetar gratuitamente a quienes no son más que víctimas del sistema, del astronómico paro juvenil español (que roza el 45% y en algunas regiones, como Andalucía o Canarias, alcanza el 50%) y de una sociedad creada por y para los que ahora tienen 60 años, la generación de mayo del 68, los que corrían delante de los grises mientras Franco moría tranquilamente en la cama.

¿Pobreza en España?

    Ayer se publicó en Europapress un artículo según el cual España es, después de Letonia, Rumanía y Bulgaria, el país de la Unión Europea con un mayor porcentaje de población en "riesgo de pobreza" (un eufemismo para referirse en realidad a personas que viven por debajo del nivel de pobreza relativa). Más información en el link de la noticia: http://www.europapress.es/epsocial/politica-social/noticia-ue-espana-paises-ue-mayor-porcentaje-poblacion-riesgo-pobreza-20-20100118182800.html

    Aún así, no debemos olvidar que ya había un 20% de pobreza, según estadísticas oficiales, cuando la economía supuestamente iba bien, por tanto ese dato no debe sorprender a nadie. Y menos mal que existe el colchón familiar, que hace milagros y que si no fuera por él, ciertos grupos de edad (sobre todo las personas entre 20 y 40 años) tendrían unos niveles de pobreza propios de países centroamericanos, del Sudeste asiático e incluso africanos.

    Hace varios años, salió precisamente un estudio que afirmaba que algo más del 50% de los jóvenes españoles serían pobres si no contasen con la ayuda económica de su familia y tuvieran que vivir exclusivamente de sus propios ingresos. Pero mucho me temo que esa cifra se quedaba corta y que maquilla la realidad, que más bien serían entre 70 y un 80% los jóvenes que caerían directamente en la pobreza sin el dinero de sus padres.

    Un ejemplo de la gran ayuda que supone la solidaridad familiar se puede ver en cómo cambiaría la vida de un becario que cobra 700 euros y que es hijo de funcionarios de grupos altos, que entre los dos cobran unos 5.000 euros mensuales, por poner una cifra, si no tuviese la ayuda económica de sus padres.

    Mientras sus padres le subvencionen, a pesar de su bajo sueldo, podrá salir a cenar a restaurantes caros al menos una vez al mes, comprarse artilugios tecnológicos recientes, como un MP4 o un Ipod, ropa de marca, un coche nuevo de cierta potencia y viajar al extranjero todos los veranos. Además de tener cubiertas de sobra sus necesidades más básicas (comida, alojamiento, vestido).

    Pero si le faltasen sus padres se hundiría en la miseria, tendría que vivir bajo un puente, construirse una chabola de lata y cartón o, en el mejor de los casos, vivir en un piso-patera con varias personas más (para ahorrarse gastos de alquiler) y comer garbanzos o bocadillos todos los días.

    Sin duda, el colchón familiar, seguido del peso y la importancia de la economía sumergida (tanto la tradicional como la moderna, esta última sobre todo reflejada en forma de becas sin contrato ni alta en la Seguridad Social), es la principal causa de que no estén ardiendo las calles ni haya una gran conflictividad social. Se supone que la deflación salarial de la que tanto se habla últimamente reforzaría esta solidaridad familiar, pero haría a los jóvenes (y no tan jóvenes) cada vez más dependientes de su familia.

    En relación con esto, aún no se entiende que algunos políticos, como Brunetta, el ministro italiano de Administraciones Públicas, hagan propuestas tan absurdas de echar a los jóvenes de casa cuando cumplan 18 años. Recordemos que en Italia la situación de jóvenes es muy parecida a la de España y, tanto en un país como en otro, una persona de edad que tuviese que irse de casa no tendría más remedio que vivir en la calle y alguno terminaría destrozado por el alcohol o esnifando pegamento, como los meninos da rua de Brasil. Pero no sólo con 18 años: es normal en estos países del sur de Europa ver "chavales" de 30 o hasta 35 años que dependen casi completamente de sus padres e irse a vivir por su cuenta les supondría una ruina o un enorme descenso de su nivel de vida.

    Así pues, la familia está consiguiendo que no nos parezcamos demasiado a las sociedades del Sudeste asiático, aunque parezca una exageración. En esos países de Extremo Oriente la pobreza alcanza a todos los grupos de edad, tanto a padres como a hijos. Por eso, es frecuente que los niños trabajen cosiendo balones, en fábricas textiles, se dediquen a boxear (especialmente en Tailandia) o que las niñas se prostituyan con tal de aportar algún dinero a sus familias. Aquí la gente no se ve abocada a situaciones tan duras gracias al sostén económico de sus padres, generalmente bien situados. Pero si no contasen con su familia que nadie dude de que sus condiciones de vida no serían mucho mejores que las de los jóvenes tailandeses, camboyanos, indonesios o filipinos.

Paz social en la España actual

    Llama mucho la atención que en un país con más de cuatro millones de parados oficialmente reconocidos, que en realidad podrán ser perfectamente cinco millones no ardan las calles o directamente se queme el Parlamento con los políticos dentro.

    Es cierto que la frase parece revolucionaria y que incita a la violencia, pero nada más lejos de la realidad, simplemente se hace ver que en la situacion economica que vivimos en España apenas hay conflictividad social cuando en otros países o en la misma España en otras épocas con menos paro, menos familias que se han quedado sin piso y en la calle, gente que no recibe ningún tipo de prestación, una inmigración masiva y descontrolada que el mercado laboral no puede absorver, en fin las situaciones difíciles que muchos viven o conocen de cerca porque tienen un amigo o familiar que las está pasando canutas mientras ven en la televisión declaraciones de los politicos que son un auténtico insulto a la inteligencia de cualquier persona que tenga dos dedos de frente.

    Analicemos las razones para que la conflictividad social en grado máximo, o sea revueltas en la calle y actos de protesta violentos o pacíficos, apenas sea un hecho aislado, en el mejor de los casos gremial, según le toca apechugar los errores del gobierno a cada gremio en concreto, por ejemplo, transportistas, ganaderos, pescadores o taxistas (sumando casi tenemos todos los sectores económicos tocados o hundidos ).

    Desde mi punto de vista, existen cuatro motivos principales que explicarían la escasa conflictividad social en España: la familia (sin duda la más importante), la economía sumergida, las ayudas a desempleados y los sindicatos, aunque probablemente haya muchas más:

    1.- La familia: la familia está actuando como un soporte, un verdadero colchón para los que peor situación económica y personal tienen, en especial en lo que se refiere al problema de los jóvenes y el acceso a la vivienda. Los jóvenes se ven abocados a quedarse en casa de sus padres más y más tiempo. Si están parados o tienen trabajos precarios y sueldos bajos que no les permitirían llevar una vida independiente gracias a la familia tienen el sustento mínimo , vivienda y alimento, si bien normalmente a costa de un esfuerzo familiar cada vez más complicado de sostener. A pesar de estas dificultades, no faltan becarios o contratados por obra y servicio con sueldos que difícilmente alcanzan los 1.000 euros que son hijos de parejas de funcionarios o trabajadores de la privada con muchos años de antigüedad que en conjunto cobran fácilmente más de 3.000 euros y llevan un nivel de vida más que razonable: coches nuevos que no bajan de 20.000 euros, cenas en restaurantes caros varias veces al mes y viajes al extranjero todos los veranos.

    2.- La economia sumergida: el propio ministro de Trabajo Celestino Corbacho reconoce que hay en España un índice de economía sumergida que puede llegar al 20 % del Producto Interior Bruto (PIB). Es decir, que según esos datos la quinta parte de las personas que trabajan no sólo no aporta nada a las arcas del Estado, ni por cuotas a la Seguridad Social, ni vía Impuestos de Sociedades o IRPF, sino que además está cobrando en muchos casos la prestación de desempleo u otras ayudas.

    Probablemente, los datos reales de economia sumergida en España sean aún mayores de ese 20% que reconoce el ministro, entre otras cosas porque, como su propio nombre indica, es "sumergida", o sea que se puede hacer una estimación, pero no se dispone de datos totalmente fiables y contrastables. Cabe suponer que el ministro no exagera la cifra sino más bien la aminora ya que lo contrario sería reconocer implícitamente una incapacidad absoluta para luchar contra el fraude, cosa que no creo que pretenda.

    Por último, en este apartado no podemos dejar de lado la extensión de la figura del becario, tanto en la empresa privada como en la Administración Pública. El becario es un trabajador que no tiene contrato ni está dado de alta en la Seguridad Social (con excepciones, como los becarios de investigación a partir del tercer año de disfrute de sus becas) y cada año se convocan cientos de miles de becas para cubrir puestos, en muchos casos, especializados y que requieren formación universitaria.

    3.- La prestación por desempleo y otras ayudas: gracias a la prestación de desempleo muchos parados tienen un tiempo muerto en el que, al menos, pueden sobrevivir e ir tirando.  En el caso de los que no tienen derecho al paro y sólo la famosa ayuda de los 420 euros la situación se torna mas complicada, pero al menos los que tienen el apoyo familiar -que son una buena parte- pueden aportar algo al sostenimiento familiar o destinar esos fondos a sus propios gastos sin depender de estos también.

    4.- Los sindicatos: el papel de los sindicatos en España (y en cualquier lugar del mundo) debería ser defender los derechos de los trabajadores utilizando para ello los medios de que dispone, entre ellos la huelga general y la conflictividad controlada y pacífica, sin embargo, en una situación económica caótica no ha habido ni una sola huelga general, hecho inexplicable si no fuera por las razones que luego se expondrán.

    ¿Cuáles son las perspectivas en el futuro ? ¿Cuánto podremos soportar? ¿Qué consecuencias se derivarán de cada uno de estos cuatro elementos combinados?

    Haciendo una síntesis (porque el tema da para escribir mucho) de lo que podría pasar a corto plazo si la situacion no cambia podemos llegar a las siguientes conclusiones:

    Las familias cada vez están mas agobiadas por que más miembros dependen de menos y veremos como familias enteras se ahogan por intentar salvar a uno o varios de sus miembros, por ejemplo veríamos a padres perder sus casas por avalar a sus hijos para que pudieran comprar un piso que no pueden pagar, en el mejor de los casos veremos estirar los únicos ingresos familiares hasta límites insostenibles. El cabreo y la impotencia de uno o varios miembros de cada familia se extenderán a todos sus miembros ya que todos sufrirán por causas propias o ajenas.

    Una posible solución sería más apoyo a las familias (sobre todo a las familias numerosas, aunque son cada vez más escasas), auténtica base social que está soportando como conjunto los azotes de la crisis y el paro.

    De momento, lo que vemos es que se destinan fondos a otras "entidades" nacionales o extranjeras mientras se abandona a su suerte a una verdadera entidad social, la familia. Algunos ejemplos vergonzosos son las subvenciones a una asociación homosexual de Zimbawe, gastos de operaciones de sexo a costa de dinero público, ayudas a organizaciones o grupos de dudosa repercusión e interés social que todos hemos tenido ocasion de leer en alguna ocasión, por ejemplo las ayudas al cine español que nadie ve, y otra serie de disparates que en tiempos de abundancia pasaban desapercibidos.

    Respecto a la economía sumergida cabe un doble análisis, por un lado los espabilados que cobran ayudas estatales provenientes de los que pagan impuestos al tiempo que trabajan por puro egoísmo y falta de solidaridad, y por otro lado, miles de autónomos o antiguos trabajadores que se ven incapaces de soportar la carga fiscal y demás trabas que ponen los dirigentes a su actividad económica, sólo hay que pensar en los costes administrativos, licencias, pagos a la Seguridad Social y un largo etcétera de normas y obligaciones que hay que pagar antes de abrir un negocio y que mantener una vez abierto.

    De los primeros, los caraduras y jetas de toda la vida sobran comentarios, da igual que haya crisis o no, su meta es vivir a costa de los demás como parásitos sociales que son.

    Respecto a los segundos, sería razonable bajarles los impuestos, las cuotas a la Seguridad Social y los costes administrativos para que pudieran ejercer su actividad legalmente y no verse obligados a trabajar en la clandestinidad por no poder asumir los elevados costes.

    De momento se está haciendo todo lo contrario, se suben los impuestos, especialmente lamentable es la subida del IVA que obliga a los autónomos a recaudar impuestos del consumidor final.  No lo soporta él directamente, pero al fin y al cabo paga el consumidor por lo que el precio final del servicio prestado es más caro y, por lo tanto, más difícil de vender cuando hay crisis.

    El efecto es que cada día mas autónomos abandonan sus actividades y se suman a la economía sumergida lo que lleva como consecuencia directa que no pague nada de Seguridad Social, IVA y demás impuestos, con lo que los que siguen trabajando legalmente tienen un doble efecto, por un lado deben sostener con sus impuestos los gastos de los que dejan de cotizar y otro, peor si cabe, tienen que competir con los que se han dado de baja y se ahorran esos costes. Como consecuencia de todo esto la gente tiende a aceptar presupuestos de los que no cotizan y no aceptan los que cotizan: más autonomos que no pueden sobrevivir y más que se pasan a la economia sumergida. La pescadilla que se muerde la cola.

    Parece que el Gobierno no acaba de entender que menos impuestos significan en tiempos de crisis más ingresos y menos gastos a pesar de ser evidente que es mejor que pague más gente menos cantidad a que pague menos gente más cantidad. Esto es aplicable también a los gastos, si pagan más quiere decir que hay menos que dependen de las ayudas estatales, osea menos gastos.

    El tema de los sindicatos merece un apartado especial, pero en resumen, el Gobierno destina cantidades ingentes de dinero a los sindicatos para cursos de formación que tienen como única utilidad favorecer a las empresas de los amigotes que las imparten, subvenciones a fondo perdido a costa de los impuestos de los de siempre que favorecen únicamente a los sindicalistas y liberados que viven como reyes y todo eso, ¿a cambio de qué? Lo natural sería que ese dinero fuera destinado a los parados, pero si el Gobierno hace eso los sindicatos dejarían de ser una mansa oveja que justifica su política económica.

    La situación actual justificaría plenamente una movilización sindical sin precedentes. El efecto de todo esto es que se priva a los ciudadanos de un canal de movilización pacífica y de una organización general, las consecuencias pueden ser terribles si estalla espontáneamente la conflictividad, ya que sin los cauces adecuados de organización lo que podrían ser movilizaciones pacíficas se tornarán violentas y descontroladas.

    Será inútil la manipulación constante en los medios de comunicación gubernamentales en los que nos bombardean constantemente con "noticias" prefabricadas o puras y duras mentiras, como por ejemplo las previsiones económicas que pintan un final de la crisis para dentro de unos meses y de "brotes verdes" que llevan años haciendo los politicos y que parecen estar basadas en un concepto de masas desmemoriadas.

    El caso es que por mucho que una familia oiga cada día en television que todo va estupendamente o que vamos por buen camino y en breve saldremos de esta, no se libra de sufrir cada día más penurias y estrecheces, viendo como su situación empeora de forma gradual.

    La combinación de vivir una realidad tan distinta a la que nos quieren vender hace que se vaya gestando una rabia y desprecio total hacia los que difunden maliciosamente e intencionadamente esas manipuladas noticias, el efecto es exactamente el contrario al que el Gobierno pretende.

    En definitiva, cada vez habrá más conflictividad social, por las siguientes razones:

    - Excesivo número de inmigrantes que contribuyen a colapsar la sanidad y ayudas sociales. Además de subir los precios de los pisos por aumentar la demanda, y provocar que se incremente la delincuencia e inseguridad.

    - Demasiada gente ahogada económicamente y sobreviviendo a duras penas durante demasiado tiempo, aunque el colchón familiar en ocasiones hace milagros.

    - Número creciente de treintañeros obligados a vivir en casa de sus padres y depender de ellos y sus normas, sin posibilidad de plantearse independizarse o tener un plan de vida normal. Algunos tiran de soluciones imaginativas y se apuntan a gimnasios o se inscriben en ONG's, no sólo por hacer deporte o por deseo de ayudar a los demás, sino sobre todo por pasar las tardes fuera de casa y no tener a los padres encima las 24 horas del día.

    El crack está servido, la cuestión es durante cuánto tiempo se puede mantener al enfermo vivo con respiración asistida. Pronto se terminan el plan E, las ayudas a concesionarios y los subsidios empezarán a agotarse. Ahí empieza el juego.