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El blog de Silverfox

El mito "hacen falta emprendedores", ¿tiene sentido?

    En los últimos años, los medios de comunicación españoles han transmitido frecuentemente la idea de que hacen falta más ermprendedores o de que la gente suele tener una escasa iniciativa personal, que se vería reflejada en la supuesta aspiración seguida por muchos de trabajar como asalariados (ya sea en el sector privado o mediante el empleo público: en este sentido, tiene mucha fuerza el tópico “Todo el mundo quiere ser funcionario”, también muy difundido por los medios) en lugar de poner en marcha su propio negocio.

    Sin embargo, si observamos más fríamente la realidad, podemos darnos cuenta de que no es muy lógico recomendar a la gente que monte negocios, en primer lugar por estar en un país que pone muchas trabas administrativas a los “emprendedores”, pero también porque en la actual situación de crisis y de caída masiva del consumo cada día cierran decenas de pequeñas empresas, algunas de ellas muy afianzadas y que llevaban décadas funcionando, hasta el punto de que barrios enteros que siempre se habían caracterizado por su dinamismo y su actividad comercial ahora tienen un aspecto fantasmal, con locales comerciales cerrados y con carteles de “Se alquila” o “Se traspasa”:

    En la práctica, el prototipo del “emprendedor” es, en muchos casos, un padre de familia con una edad en torno a los 45 ó 50 años, que se queda en paro por un ERE o el cierre de la empresa donde trabajaba y, sabiendo que a esa edad nadie le va a contratar y otras opciones tampoco son muy viables (como hacerse funcionario con las oposiciones congeladas y habiendo perdido la costumbre de estudiar o emigrar al extranjero u otra región teniendo cargas familiares que dificultan y limitan su movilidad), decide abrir un pequeño negocio de tipo tradicional, generalmente un bar, una tienda de barrio o una panadería.

    Aquí se plantean varios problemas: que si tanta gente monta ese tipo de negocios, el mercado se saturaría, se formaría una burbuja (por ejemplo, de bares) y muchos no serían rentables, ante tanta competencia y la dificultad añadida de la bajada del consumo (que, de entrada, reduce las posibilidades de cualquier pequeño negocio de salir adelante y tener éxito) y que muchos de esos parados que abren bares o tiendas lo hacen como último recurso y sin tener mucha idea de cómo dirigir una empresa. Por tanto, no es raro que gran parte de esos pequeños negocios (por no decir la inmensa mayoría) echen la persiana en menos de un año.

    Después de haber hecho estas observaciones, se puede llegar fácilmente a la conclusión de que repetir sistemáticamente que hacen falta emprendedores es una manera de llevar al matadero a miles de personas. No tiene sentido recomendar a un parado de 50 años que invierta sus ahorros de toda la vida, o una buena parte de ellos, en montar una empresa de viabilidad más que dudosa, que le supondría perder mucho dinero. Quizá se insista tanto en animar a los españoles a “emprender” porque el Gobierno pueda recaudar un buen dinero con los impuestos y trámites administrativos que suponen la apertura de nuevas empresas (aunque finalmente esos negocios no prosperen y el dinero recaudado no se destine a mejorar los servicios públicos, sino a financiar mamandurrias y prebendas de los políticos).


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