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El blog de Silverfox

Consideraciones sobre Mayo del 68

    Mucho se ha hablado sobre las manifestaciones que se iniciaron en Francia en mayo de 1968 por estudiantes de izquierdas, a las que se unieron obreros industriales, los sindicatos y el Partido Comunista Francés (PCF) y se extendieron por varios países más, como España, Alemania, Checoslovaquia, México, Argentina y Uruguay.

    Sin embargo, los que realmente fueron sesentayochistas no andan hoy proclamando la campaña; o se han reconvertido o se han mandado a guardar. El movimiento de mayo de 1968 no fue, como se suele pensar, una revolución antisistema sino una revuelta burguesa. Tuvo un mérito, y es el de haber abierto la puerta a la modernización de la superestructura del sistema, que se hallaba muy desfasada respecto del desarrollo estructural que el capitalismo había alcanzado en aquel momento.

    Pero no hay más. No hay que engañarse, porque tal revuelta era lo que el sistema necesitaba para, entre otras cosas, ganarle la batalla ideológica al bloque del Este -dirigido por la Unión Soviética- y debilitarlo. Desde ésta perspectiva, el 68 no fue de ningún modo antisistema, y la prueba está en que muchos de sus activistas ocuparon posteriormente notorias posiciones en el sistema (todavía en muchos países occidentales los altos cargos de la política, las empresas y otras instituciones rondan los 60 años y se encuadran en la generación que vivió de lleno esos acontecimentos). El poder y sus medios de comunicación (¿o sería mejor llamarlos de manipulación o desinformación?) son muy rápidos en desmontar el tinglado, en falsearlo y maquillarlo a su gusto. Sedujeron fácilmente a los cuatro representantes de turno sedientos de poder, fama y notoriedad y ajenos al espiritu real de las protestas (un ejemplo muy claro sería Daniel Cohn-Bendit).

    España se encontraba en ésa época en una situación de relativo atraso respecto a Europa, pero experimentaba un rápido crecimiento económico, que le hacía igualarse progrevisamente a otros países occidentales. La situación del capitalismo en aquel entonces era económicamente boyante, en un mundo lleno de expectativas económicas que se iban cumpliendo, y posiblemente se trató de la era del capitalismo con mayor ascenso social, fomentado en buena parte por la solidez del Estado del bienestar.

    Todo esto empezó a complicarse a principios de la década de los 70: la crisis del petróleo y el abandono del patrón oro fueron los detonantes del agotamiento de ese sistema, que era el imperante en el 68. Los 80 Ronald Reagan y Margaret Thatcher impulsan el neoliberalismo, que no es más que un capitalismo salvaje y destructivo cuyos coletazos estamos viviendo hoy.

    Algo que se puedo decir a los que pertenezcan a la generación de mayo del 68 es que traten de ser ecuánimes e imparciales en el paisaje que se pinta acerca de la realidad, que al fin y al cabo es una interpretación necesariamente parcial y sesgada.

    El pasotismo actual es una catástrofe, pero el pesimismo estructural es paralizante y la carga emocional que genera es muy destructiva, porque nos impide liberar la energía creativa que todos tenemos, aun en las situaciones más hostiles. Se ve a muchos jóvenes con ideas decadentes (aunque es injusto generalizar sobre ellos, dejando de lado que también abundan los jóvenes preparados y altamente formados), demasiado dependientes de lo menos importante de esta vida, muy apegados a un modelo de vida de consumismo extremo, más preocupados por esto que por el fondo de las cosas.

    Esto, por supuesto, no significa en absoluto abandonar la crítica ni hacer como que aquí no pasa nada. Pero es imprescindible imponerse la disciplina dura de que hay que moverse, aunque sea haciendo cosas modestas, que al final eso es lo que queda: las grandes gestas no aparecen por casualidad, son el producto del trabajo duro, metódico y sistemático.

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