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El blog de Silverfox

Gerontocracia y generaciones privilegiadas

    Esto es un asunto que no debe tratarse como si fuese exclusivo de España. Como no lo son el paro ni la crisis económica. Pero no existe la menor duda de que aquí todo es un algo "peculiar". Todo tiene un toque especial, nacional podriamos decir.

    En Francia, Alemania, Reino Unido o los países escandinavos también habrá, sin duda, una gerontocracia. Y también ha aumentado el paro, aunque mucho menos que en España y sin punto de comparación con el 20% (y subiendo) que tenemos por aquí (además de que algunos de esos países empiezan a superar la crisis, por ejemplo, Suecia tiene previsto crecer más de un 4 por cierto el año que viene o Alemania registra sus menores niveles de paro en cerca de 20 años).

    La gerontocracia es una realidad socioeconómica que explica en parte la crisis actual y explicará claramente lo que vendrá dentro de pocos años. No es que en España o en el resto de Europa gobiernen los ancianos, en el sentido de que la mayoría de los presidentes y ministros ronden o superen los 70 años, pero se gobierna "para los viejos", en el sentido de que se margina y desprecia a la juventud, a la que se ha condenado en su mayoría a una exclusión social y economica (que no se hace muy visible por la solidaridad familiar y el alto nivel de vida de sus padres) y que posiblemente traerá como consecuencia el colapso del sistema a medio plazo (en primer lugar, las pensiones).

    Se da un fenómeno sin precedentes en la historia: una diferencia económica enorme entre dos generaciones: la generación nacida después de la Segunda Guerra Mundial que ahora tiene 55-65 años tiene en su mayoría un nivel socioeconómico alto o medio-alto y una capacidad económica que en teoría, le capacita para vivir sin problemas durante el resto de sus días. Para el caso de España, ese mismo razonamiento sería válido para los nacidos un poco después, en los años 50 y primeros 60, los que actualmente tienen entre 45 y 60 años.

    Pensemos a partir de esta ecuación: sueldo actual + futura pensión + bienes inmuebles (en muchos casos dos o tres viviendas) + capital financiero acumulado en el banco en forma de ahorros e inversiones.

    Si las cuentas no fallan, en muchos casos ese capital sobrepasa tranquilamente los 500.000 euros (más de 80 millones de las antiguas pesetas). Esa gente, que insisto, no tiene la culpa de la actual situación (excepto por haber votado durante décadas a unos sinvergüenzas que dicen ser obreros y socialistas), es la que acumula la riqueza del ciudadano medio, la que se puede comprar un Audi, un Mercedes o un Saab al contado, la que va de vacaciones al Caribe o Extremo Oriente en hoteles de lujo y la que frecuenta restaurantes de 5 tenedores.

    Por otro lado, la generación joven, los hijos de los anteriores, que tienen generalmente entre 20 y 35 años por regla general:

- No tienen piso propio, y si lo tienen, lo van a estar pagando hasta que se jubilen (con lo cual siguen sin tenerlo, quien realmente lo tiene es el banco), otros viven en alquiler y la gran mayoría viven con sus padres, al menos en los países del sur de Europa (España, Portugal, Italia, Grecia).

- No tienen bienes financieros (como acciones, por ejemplo) o si las tienen no es una cantidad importante y sus libretas de ahorro están casi vacías.

- Sufren altos índices de paro y cobran unos sueldos bastantes bajos, si es que trabajan, a pesar de tener un elevado nivel de formación y acumular en su currículum más títulos que el Real Madrid o el Barcelona. La mayoría no llegan a mileuristas, abundan los becarios que trabajan sin contrato ni alta en la Seguridad Social (incluso después de los 30 años) y los mejor situados son funcionarios de los grupos superiores, para los que se exige titulación universitaria, o profesionales técnicos (como ingenieros) que trabajan en grandes empresas.

- Y por último, no llegarán a cobrar pensión, o si la perciben será por una cantidad ridícula.

    Teniendo en cuenta el coste de la vida, lo que han variado los precios y los sueldos en 30 años, la actual tasa de paro, y el futuro de nuestro sistema de Seguridad Social, no es exagerado decir que la juventud española actual es pobre. Técnicamente, está en estado de pobreza y necesidad, que se camufla por vivir mayoritariamente en casa de sus padres. Pensemos un poco en el capital total de cualquier joven. Pensemos un poco en el de sus padres.


    Para profundizar más en el tema, en los años 60 y primeros 70, cuando España se encontraba en plena expansión económica y era uno de los países del mundo con un crecimiento más rápido había mucho trabajo y una industria potente en varios sectores, unos sueldos que permitían mantener un nivel de vida más que digno y unos intereses hipotecarios altos pero viviendas muy baratas, que se podían pagar al contado ahorrando varios años.

    Lo interesante llega aqui: el proceso de emancipación:

    - Una familia media española podía pagar durante 10 años sin muchos apuros un piso de 80 ó 100 metros cuadrados en una buena zona de la ciudad.
    - Había trabajo, pero en muchos casos, para pagar un piso en esas condiciones era suficiente con un sueldo (normalmente el del padre de familia).
    - Las familias solían tener por termino medio tres hijos (baste con consultar los índices de natalidad y fecundidad de aquella época) y muchas personas en torno a los 40 años tienen tres o cuatro hermanos. Los hijos únicos, en cambio, eran muy poco frecuentes (ahora, en cambio, es infrecuente tener más de dos hijos. Como sigamos así, la palabra "hermano" desaparecerá del diccionario, por desuso, o sólo la emplearán los inmigrantes).
    - Como es lógico, había pisos peores y por tanto más baratos, y mejores y mejor situados, que eran más caros.

    Esto es lo que había antes. Esta fue, a grandes rasgos, la juventud que les tocó vivir a nuestros padres. Un licenciado o un ingeniero ganaba un excelente sueldo, pero un auxiliar administrativo o un obrero de una cadena de montaje tampoco vivían mal. Otra cosa es que socialmente tuviera menos prestigio, pero su nivel de vida era muy digno.

    ¿Qué nos encontramos ahora? Se pagan barbaridades por un zulo, muchas veces alejado del centro, claramente en la periferia o, como se diría coloquialmente, donde Cristo dio las tres voces. Los sueldos no dan para llevar una vida "cómoda", una casa es muy dificil o imposible de pagar con un solo sueldo, y en el caso de que una pareja se lance a la aventura de hacer vida en común, se lo debe pensar mucho antes de tener hijos. Eso, contando con que tengan trabajo los dos. Esto es lo que hay en los tiempos que corren.

    Por eso se puede hablar de gerontocracia. A los que actualmente rondan los 60 años les tocó una época muy favorable y la han aprovechado. Han hecho bien y no se les puede culpar por ello, las oportunidades no se deben desperdiciar. Vivieron con holgura entonces y tienen unos buenos ahorros que les permitirán vivir sin problemas. 

    Es injusto criminalizar a esta generación, pero es un hecho que el dinero, el capital, la capacidad para emprender, para consumir o para invertir, está en buena medida en los bolsillos y las cuentas de los que ahora tienen entre 45 y 60-65 años (tampoco se puede olvidar que las personas de esa edad son los padres de esos jóvenes tan precarios, que no pasan hambre ni duermen en la calle gracias a que viven con ellos). Hace un tiempo, se publicó un artículo que demostraba que en torno al 85% de la riqueza española estaba en manos de personas de más de 50 años, así que, como diría José María García, blanco y en botella.

    En esta situación, ¿qué futuro nos espera? ¿Qué esperanzas tenemos?

    Económicamente, es deseable e incluso necesario, al margen de una reforma laboral en profundidad, que parte de esa riqueza cambie de manos y se transfiera a la generación joven. Y no es una quimera, porque fórmulas legales para conseguirlo, ya las hay y son conocidas: subsidios, reforma laboral, gravar fiscalmente el patrimonio, ayudas a la natalidad, guarderías o sanidad gratuita para los menores de 18 años.

    La consecuencia de todo esto, la tenemos a la vista: una sociedad dividida, fragmentada entre gente mayor que acumula mucho dinero y bienes que no necesita, pero que tampoco lo gasta o invierte, salvo para comer en restaurantes caros, viajar a la otra punta del mundo o comprarse un coche sueco o alemán de gama alta cada pocos años; por otra parte, gente joven que necesita dinero y trabajo porque está empezando su vida adulta, y necesita ese capital para emprender un proyecto de vida, de igual manera que lo hicieron sus padres. No para caprichos, sino para llevar una vida normal.

    Este modelo se acaba. No da ya más de sí. Querer mantenerlo es como pretender mantener vivo un dinosaurio, algo perteneciente a otra época. O enterramos ese modelo insostenible o nos enterramos a nosotros mismos como sociedad. No hay otra. Los mayores y quienes gobiernan a su favor (esta infame casta política que padecemos) tienen que abrir los ojos a la realidad, ya no es posible seguir autoengañándose por más tiempo.

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