Sobre las donaciones tóxicas en bibliotecas
Hablemos sobre los donantes tóxicos: individuos que donan (o mejor dicho encasquetan) a las bibliotecas (sobre todo públicas y universitarias) libros que no necesitan o no enriquecen su fondo, sólo quieren vaciar sus cuartos o trasteros de los libros que ya no les interesan y su motivación es absolutamente egoísta, aunque la disfracen de generosidad y altruismo.
Les da mucha lástima tirar los libros a la basura, pero externalizan su problema a las bibliotecas. No lo hacen porque sean muy buena gente o muy "enrollados", sino por su propia comodidad, tienen muy poca vergüenza, por decirlo sin tapujos.
Y lo peor es que les trae absolutamente sin cuidado que esas bibliotecas estén saturadas, tengan problemas de espacio y se vean obligadas a efectuar expurgos anuales o incluso semestrales por esa misma razón. Distinto es el caso de bibliotecas de nueva creación con los estantes vacíos y que tienden a ser mucho menos selectivas.
Por este tipo de situaciones, a veces acabamos teniendo una idea negativa de la condición humana. En cualquier caso, no es lo mismo una donación de un libro recién editado de un profesor de la universidad o de un escritor local que una caja llena de bestsellers literarios de hace 30 años, enciclopedias de la década de 1980 o manuales de informática completamente desfasados. En relación a los bestsellers, algunos lo fueron en su momento y ahora están muy olvidados (por ejemplo, algunos libros de Lucia Etxebarria o Almudena Grandes), otros siguen leyéndose y son clásicos de la literatura, pero precisamente por ese motivo se encuentran fácilmente en cualquier biblioteca.
Los bibliotecarios no los mandan abiertamente a paseo ni les tiran los libros a la cara (o a la basura en su presencia) por educación e imagen profesional, pero ganas no les faltan. Hacen perder un tiempo muy valioso a los bibliotecarios y usuarios y demuestran su escasa catadura moral. Lo que más rechazo genera es su hipocresía, vender una imagen de generosidad cuando en realidad sólo hay egoísmo y comodidad.
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