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El blog de Silverfox

Diferencias entre la extrema derecha del siglo XX y la derecha neocon del siglo XXI

    La conservación del poder norteamericano en Oriente Próximo es una cuestión fundamental para las élites financieras occidentales (especialmente las de Wall Street). Las razones son estas: en primer lugar porque así se garantiza la posición dominante del dólar en el comercio internacional y particularmente en el de hidrocarburos. La reciente inyección masiva de dinero por parte de la Reserva Federal debería haber provocado un descalabro del dólar, pero no lo ha hecho principalmente por el papel que éste juega como moneda de reserva en la economía mundial. En segundo lugar, nos acercamos a una crisis energética que estallará cuando se llegue al peak oil, el máximo nivel posible de extracción y refinado de petróleo. Es comprensible que las élites occidentales pretendan asegurarse el suministro de recursos energéticos.

    El problema es que la opinión pública occidental, tras décadas de propaganda multiculturalista y de supresión del nacionalismo étnico, se opone frontalmente a una nueva guerra contra Irán y cada vez muestra un mayor hastío hacia el desgaste provocado por las conflictos coloniales en Iraq y Afganistán, encaminados a la apropiación de los recursos naturales de esos países.

    Para espolear el apoyo de la opinión pública hacia la política occidental en el Próximo y Medio Oriente, las oligarquías están apoyando a una "nueva derecha", una nueva extrema derecha sionista, islamófoba y atlantista, muy diferente en varios aspectos del fascismo clásico y los movimientos conservadores del siglo XX.

    En Estados Unidos suele distinguirse entre la "Vieja Derecha" y la "Nueva Derecha", entre los paleocons y los neocons:

    a) La Vieja Derecha es aislacionista, agrarista y opuesta a los del sector financiero neoyorquino y de las grandes corporaciones multinacionales. Para ellos, la verdadera identidad americana es la que forjaron desde el siglo XVII los primeros colonos anglosajones y protestantes, que desde Virginia y Nueva Inglaterra se expandieron hacia el Oeste, llegándose a hacer dueños de todo un continente casi tan extenso como Europa entera.

    b) La Nueva Derecha viene constituida por los neoconservadores, habitualmente llamados neocons. Gente que fue progresista y visionaria de izquierdas en su juventud y que ahora defiende una política exterior agresiva y un modelo económico-financiero basado en los principios neoliberales de la Escuela de Chicago defendidos por Milton Friedman en los años 70, después de la crisis del petróleo: no intervencionismo (salvo para rescatar a la banca) e inyecciones masivas de dinero por parte de los bancos centrales (particularmente la Reserva Federal). La Nueva Derecha no se opone a la inmigración, sino todo lo contrario, la defiende para contener los salarios. La Nueva Derecha no es identitaria, sino globalista y su defensa a ultranza de la existencia del Estado de Israel, así como de las políticas llevadas a cabo por el mismo, contrasta con el tradicional antisemitismo de la ultraderecha del siglo XX. La Nueva Derecha no es más que un instrumento de las élites para proteger sus intereses socioeconómicos. La Nueva Derecha viene representada por medios de comunicación como Fox News y por la mayor parte de los cargos públicos del Partido Republicano.

    En relación al actual proceso de globalización neoliberal, la Vieja Derecha es antisistema y la Nueva Derecha, prosistema.

    Por su parte, en Europa, las élites están intentando introducir una "nueva extrema derecha" que desplace a la vieja extrema derecha identitaria.

    a) La extrema derecha identitaria tiene vínculos históricos con las potencias fascistas vencidas en la Segunda Guerra Mundial, Alemania e Italia; y como consecuencia de ello es contraria al predominio norteamericano en Europa. La extrema derecha clásica defiende los logros de la civilización occidental, se opone a la inmigración a Europa, por considerar que el continente lleva poblado miles de años, ha sido hogar de las más brillantes civilizaciones de la historia y que es inaceptable que su población indígena de raza blanca sea sustituida demográficamente por otras procedentes de Asia, África o Sudamérica, como se está viendo en amplias zonas: por ejemplo, en la Francia actual aproximadamente un tercio de los niños que nacen actualmente son de origen africano (moros y negros).

    Es evidente que la extrema derecha clásica choca con los intereses de los poderes fácticos, deseosos de disponer en Europa de mano de obra barata y sumisa que no exija buenas condiciones laborales y de preservar durante el mayor tiempo posible el "vínculo transatlántico": tras la Segunda Guerra Mundial, las élites occidentales se dotaron de un sistema según el cual Estados Unidos prestaba su protección político-militar a Europa Occidental y a sus multinacionales (hay petroleras francesas y británicas en Iraq) a cambio de que los europeos aceptasen el dólar como moneda de reserva internacional. Por este motivo, al poder no le interesan partidos políticos entre cuyos fines se encuentre debilitar el vínculo atlantista, sino todo lo contrario.

    b) Para contrarrestar a la Vieja Derecha europea y para reconducir la frustración del europeo medio, las élites occidentales y sus servicios secretos se están sacando de la manga una nueva derecha neocon, de la que son exponentes el político holandés Geert Wilders y el nuevo Freiheit Partei alemán. En la web de este último partido, se puede observar que  es islamófobos pero partidario de una "inmigración ordenada", a diferencia del BNP o del NPD. Además, apoya la política exterior norteamericana en Oriente Próximo. En España se puede incluir como representante de esta corriente el canal Intereconomía (http://www.intereconomia.com), con una evidente ideología neocon.

    Nada nuevo bajo el sol. Se decía en los años 50 que cada vez que se declaraba una huelga en Belfast comenzaban a sonar los tambores de la Orden de Orange. En Europa, la crisis económica podría llevar a buena parte de la población a la pobreza, como ocurrió en los años 30, y los europeos van a comenzar a exigir las cabezas de sus élites. En este contexto ha de situarse la legislación anti-burka aprobada recientemente por algunos países europeos. De lo que se trata es de montar una cortina de humo que desvíe la atención del europeo medio hacia el paro, el descenso del nivel de vida y la delincuencia, y dirigirla hacia "el Islam" y el "fundamentalismo islámico" olvidando que fueron, en gran parte, los conservadores europeos los que dieron entrada masivamente a partir de los años 50 y 60 a los trabajadores islámicos, y que Aznar firmó en 2001 un convenio de mano de obra con Marruecos (aparte de las excelentes relaciones que las potencias occidentales mantienen con las petromonarquías árabes, empezando por Arabia Saudí y siguiendo por países como Bahrein, Dubai, Qatar o Kuwait).

    De este modo con la islamofobia se matan dos pájaros de un tiro: Por un lado, las élites se librarían de la furia popular, y por otro lado, aumentarían los niveles de apoyo a una hipotética guerra contra Irán.

    La Nueva Derecha europea es similar a la norteamericana. Es globalista y agresiva, no es identitaria y recibe el apoyo de las élites económicas. Sólo hace falta ver la diferencia de tratamiento que existe en los medios de comunicación más conservadores entre Wilders (que es alabado) y Le Pen o el difunto Haider (que son condenados sistemáticamente).

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