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El blog de Silverfox

Tipos de crisis por países

    Actualmente, en el panorama mundial hay varios tipos diferentes de crisis, por causas y motivos diversos. En conversaciones cotidianas, se suele insistir en hablar como si la crisis de Estados Unidos fuera igual a la de España, Irlanda o Alemania.

    No obstante, si se analizan detenidamente las causas y consecuencias se puede observar que no hay una crisis única, con las mismas características en todos los países o regiones.

    Aquí entramos en el terreno de la etiología, que es el estudio de las causas o los motivos de algo.

   Los dos tipos de crisis más evidentes, y que la se confunde más a menudo son los siguientes: La crisis de etiología inmobiliaria y baja productividad y la crisis de etiología financiera y desbordamiento económico.

    1) Crisis de etiología inmobiliaria y baja productividad: sin duda, es la que sufrimos en España. Se caracteriza por una fuerte burbuja en el sector inmobiliario acompañada por burbujas cualitativamente similares pero cuantitativamente mucho menores en otros sectores, como el empleo público o las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC's).

    Esto provoca, como efectos en la economía real una dependencia enorme de los sectores burbujeados, que nada más comenzar la crisis se transforma en paro masivo. Los otros sectores burbujeados sufren en igual medida (como se ve con el sector público en Grecia).

    Además, en el resto de sectores provoca la aparición de multitud de agentes económicos que, pese a ser totalmente ineficientes, prosperan gracias al "dinero fácil", debido a la abundancia de crédito.

    Todas estas actividades, que duran tanto como la burbuja, están en realidad destruyendo riqueza, debido a su ineficiencia, en vez de crearla.

    Cuando la burbuja estalla, estos agentes económicos tardan más o menos en hundirse, dejando el tejido productivo muy deteriorado, a la espera de que nuevos agentes económicos eficientes ocupen su lugar, lo que cuesta mucho trabajo por las desfavorables circunstancias para emprender actividades.

    A todo esto se le suma el brutal endeudamiento de la población afectada por la burbuja (hipotecados, en este caso), que impide los ajustes bruscos que podrían facilitar la solución a la crisis.

    2. Crisis de etiología financiera y desbordamiento económico: en general, tendemos a asumir que el problema islandés, la crisis de Irlanda o la del Reino Unido son similares a la anteriormente expuesta. Sin embargo, este tipo de crisis se caracteriza porque un país se centra, fundamentalmente, en el sector financiero, manejando cantidades miles de veces superiores a su PIB. Este esquema financiero lo permea todo, de tal manera que el país (bien directamente, bien a través de salvamentos, bien a través del simple hecho de que parte de los activos financieros estén nominados en la moneda local) asume el riesgo de gran parte de ese esquema financiero que, a pesar del riesgo público asumido, es privado y escapa al control del Estado.

    Como el sector financiero es tan boyante, se abandonan otras actividades mucho menos beneficiosas (como puede ser, por ejemplo, el sector primario o secundario), porque todos los agentes económicos quieren los beneficios que ofrece el sector financiero.

    Esto hace además que la balanza de pagos se desequilibre totalmente, empezando a acumular deuda de un tamaño importante (debido a que no se exporta y a que, además, se pide crédito exterior).

    Cuando llega la crisis y parte del sector financiero se derrumba, se producen los siguientes efectos:

    Responsabilidad estatal: el estado asume la responsabilidad de gran parte del derrumbe, a pesar de que dichos activos fueran privados. Considerando que las cuantías son muchas veces el PIB de dicho país, se encuentra con fuertes problemas, por lo que tiene que realizar diversas operaciones y salvamentos, muchas de ellas encubiertas cuyas consecuencias aflorarán en un futuro.

    Riesgo cambiario: la moneda del país sufre y se devalúa con estos movimientos. Esto se ve agravado porque gran parte de lo que debe el país está nominado en otras monedas, por lo que el montante total debido se multiplica varias veces. Este efecto es justamente lo que le sucede a Islandia ahora mismo.

    Nula creación de riqueza: debido a que, durante años, se han derivado los agentes económicos hacia el sector financiero, el sector primario y secundario son prácticamente inexistentes. Es difícil reestructurar el país para que este pueda pagar la deuda que, de repente, tiene, y equilibrar su balanza de pagos.

    El caso irlandés es, fundamentalmente, del segundo tipo, aunque con matices. Irlanda se convirtió en la puerta del mundo anglosajón a la zona euro. Esto hizo que su estructura financiera y su dependencia del movimiento de mercancías fuera enorme. La crisis ha reducido drásticamente esta actividad, y eso, junto a la explosión financiera, son las causas de sus crisis.

    De igual manera, por eso parece haberse recuperado mejor: los brotes verdes anglosajones de la segunda mitad del 2009 la reverdecieron inmediatamente. Pero en cuando el mundo anglosajón vuelva a caer, Irlanda pasará a tener una posición que no tendrá que envidiar a Grecia. La mejora de irlanda no tiene nada que ver con sus ajustes (que son bastante poco relevantes) sino con su fuerte dependencia del mundo anglosajón (Reino Unido y Estados Unidos).

    Quizá, a este análisis le podamos añadir un tercer tipo de crisis:

    3. Crisis de superproducción: esta clase de crisis sería propia de países con economías altamente orientadas a la exportación, como Alemania (primer exportador mundial) y parte de Asia, especialmente China y, en parte, Japón (aunque este país también se vio afectado en los años 80 por una fuerte burbuja inmobiliaria, que ha provocado una larga crisis desde principios de los 90 y que ha frenado su progreso económico).

    Estos países se expusieron a la crisis de los otros de dos maneras, comprando sus activos basura que explotaron en el corazón de su sistema financiero y mediante el parón que sufrieron sus economías al disiminuir los intercambios comerciales con otras economías en expansión.

    Su situación es mejor que las de los casos anteriores. Aún así, probablemente les esperan años grises y de estancamiento, a no ser que otros polos económicos como América Latina (que tiene países importantes, como Brasil o México) tomen el relevo de la demanda de sus productos.

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