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El blog de Silverfox

¿Durará mucho la crisis española?

    En economía, las crisis pueden tomar 3 formas:

    1. El PIB durante un periodo de tiempo determinado cae hasta tocar a un fondo, y de ahí rebota hasta alcanzar el nivel anterior al comienzo de la crisis.

    2. El PIB cae; luego, gracias a los estímulos aplicados por los gobiernos a la economía vía inyección de capital en el sistema, incremento de la obra pública o creación de empleo subvencionado se recupera débilmente.

    A veces, estas medidas son insuficientes, y la recuperación del PIB no llega a la cota previa a la crisis, volviendo éste a caer. En la actual crisis, a varios países les sucederá esto, y quizá Estados Unidos sea uno de ellos.

    3. Se hunde el PIB y jamás vuelve a las cotas previas: éste podría ser el caso español.

    La historia económica de España se resume en una sola palabra: crisis.

    En efecto, salvo en la época del desarrollismo franquista, cuando España llegó a crecer a tasas del 10 % anual, vivió su etapa de mayor prosperidad en siglos y llegó a convertirse en la séptima potencia industrial del mundo, y durante el gobierno de Aznar -los años de crecimiento posteriores, ya con Zapatero de presidente, no fueron más que los beneficios heredados de la época de Aznar -, España normalmente ha estado en crisis, con elevadas tasas de paro estructural, especialmente desde mediados de los años 80, cuando se desmanteló la industria y se empezó a consolidar el tejido productivo basado en la construcción (mejor dicho, especulación inmobiliaria) y el turismo.

    Esta crisis permanente se intentaba mitigar a través de la emigración de españoles, primero a América, y tras la Segunda Guerra Mundial, a Europa.

    Aznar heredó en 1996 un país hundido, con la Seguridad Social al borde de la quiebra, una corrupción generalizada, similar o incluso más grave que la de los países latinoamericanos, y con una tasa de paro de cerca del 25 %. Con un gobierno de técnicos brillantes  -Cascos y Rato entre otros, nada que ver con esta banda de mediocres- sacó a España de su sempiterna crisis y su primera legislatura (de 1996 a 2000) fue brillante, por eso el PP obtuvo mayoría absoluta hace diez años.

    El nuevo presidente logró meter a España en el euro, lo que nos hizo beneficiarnos de créditos baratos -hasta entonces, los créditos hipotecarios se iban fácilmente al 15% de interés-, pero este dinero barato y repartido con excesiva alegría por los bancos, propició el surgimiento de una burbuja inmobiliaria que explotó a principios de 2008 (el Banco de España ya sabía que íbamos a entrar en una terrible crisis, pero ocultó estos datos para así facilitar una nueva victoria electoral del PSOE). Por aquel entonces, Zapatero llamaba antipatriotas a quienes decían que entrábamos en una crisis económica. Además, a pesar de mejorar la economía, durante los años del PP, no se modificó sustancialmente el modelo productivo basado en construcción y turismo, no se intentó hacer resurgir la industria ni se hicieron programas serios de I+D que promovieran el paso a una economía de alto valor añadido equiparable a los países más avanzados de Europa.

    Por tanto, si sumamos los años de desarrollismo franquista, con los años de crecimiento aznarista (que también tuvo sus sombras y limitaciones, explicadas en líneas anteriores) nos da que a lo largo de la historia económica de España, hemos tenido apenas 30 años de prosperidad después de la Guerra Civil (antes, la dictadura de Primo de Rivera, que ocupó la mayor parte de los años 20, trajo una breve etapa de crecimiento y ciertos avances); el resto ha sido una continua crisis.

    Aznar cometió dos errores de bulto, aparte de los analizados antes:

    1. Favorecer la entrada en España de millones de inmigrantes de baja cualificación profesional, en el mejor de los casos, y en el peor de los casos, delincuentes y criminales (la morralla del Tercer Mundo).

    2. Buscando situar a España entre las grandes potencias mundiales (sacarnos del "rincón de la historia", con sus propias palabras) nos metió en la guerra de Iraq, teniendo en contra al 90% de la opinión pública y a pesar de las grandes manifestaciones que se realizaron entre los últimos meses de 2002 y principios del año siguiente. Se dejó llevar por la megalomanía y todavía pagamos las consecuencias.

    Por todo ello, el que podría haber sido un buen presidente pasará a la historia como un payaso con bigote, un impresentable que se creía Carlos V o Felipe II. Da grima ver la foto de las Azores, donde el ex-presidente español aparece junto a Bush y Blair con una sonrisa estúpida y ridícula, o peor aún sus conferencias en Georgetown, pronunciadas en un inglés patético y macarrónico, al estilo del Príncipe Gitano cuando cantó "In the ghetto".

    Una de las tragedias patrias es que estamos sobrados de políticos que sólo piensan en ganar la próxima elección, pero carecemos de estadistas con una visión a largo plazo.

    Obviamente, Zapatero no pasa de ser un bufón. Y con este sujeto que acaba de decir que "ya estamos saliendo de la crisis, si no hemos salido ya" nos encontramos ante el desplome económico de España.

    La solución ante este difícil panorama sería que gobernase una izquierda transformadora (ya sea a través de elecciones o por un levantamiento popular) que cambie en profundidad las estructuras de la economía, que dinamite de una vez este modelo agotado de ladrillo y turismo barato (que ya no es tan barato, con las subidas de precios, especialmente desde la entrada del euro), que nacionalice la banca y cree un organismo estatal que promueva el desarrollo de la industria, que haga una decidida política de I+D que permita la producción de alta tecnología propia y evite la fuga de cerebros y que afronte seriamente la corrupción, sin medias tintas y con medidas drásticas (por ejemplo, encarcelamientos masivos de políticos de los grandes partidos).

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