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El blog de Silverfox

Brecha económica generacional en la España actual: jóvenes precarios y mayores opulentos

    Las diferencias de capacidad económica, nivel de vida y poder adquisitivo entre jóvenes y mayores en esta España de primeros del siglo XXI son escandalosas.

    Lo que tiene que aguantar la juventud española en este sentido es para que se le haga una santificación colectiva.

    Mientras la mayoría de españoles de más de 50-55 años viven estupendamente, aunque sepan ni hacer la o con un canuto, los jóvenes ganan muy poco dinero y soportan elevados índices de paro e inseguridad laboral (reflejada esta última en contratos por obra y servicio, o peor aún, becas de "formación", que encubren puestos de trabajo, pero sin derechos laborales).

    Todo ello tiene consecuencias terribles, como que cada vez más gente renuncie a trabajar tantas horas para ganar una miseria (de ahí procede el fenómeno de los llamados "ni-nis", que ni estudian ni trabajan ni se preocupan de buscar trabajo) y que la edad de emancipación se retrase cada vez más, hasta el punto de que muchas personas de más de 30 años ya se ven heredando la casa de sus padres, porque han perdido toda esperanza de llevar algún día una vida independiente.

    Además, ¿nadie se imagina lo incómodo que es vivir con los padres a los 30-35 años y verse con esas edades dándoles explicaciones de todo lo que haces o dejas de hacer, como si fueses un niño o un adolescente? Simplemente, kafkiano, aberrante y contrario a la naturaleza vital.

    Encima de que sufren todo esto, tienen que aguantar que las generaciones anteriores les llamen vagos, acomodados, niños de papá o que son unos viciosos que están todo el día fumando porros y haciendo botellón. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que casi nadie está en esa situación por gusto, si la gente pudiese irse de casa con 25 años, los estudios recién terminados y sólo volver de visita unas pocas veces al año, seguramente lo harían sin dudarlo.

    Por otra parte, las personas de 50 a 70 años (nacidos en la posguerra y años 50) llevan una vida envidiable. Los empleados públicos (tanto funcionarios como laborales), porque tienen muchos trienios y complementos acumulados, y los que trabajan en el sector privado, porque disfrutan de contratos blindados y unas condiciones muy favorables heredadas del franquismo, hasta el punto de que resulta más rentable seguir pagándoles la nómina todos los meses, aunque estén completamente apalancados y lleven años sin aportar nada nuevo ni actualizarse, que despedirles, porque su indemnización cuesta muy cara.

    Tampoco podemos dejar de lado las buenas pensiones que gozan muchos jubilados, aunque haya algunos que estén precarios. Pero considerando que la gran mayoría de estos jubilados tienen la casa pagada y no suelen afrontar grandes gastos, 1.000 euros cunden mucho más a un viejo de 70 años que a un joven de 30 que tiene que pagar alquiler o hipoteca. Así que mientras nos anuncian que el sistema de pensiones corre peligro, muchos jubilados de ahora viven a todo tren, como déspotas orientales, sin importarles mucho el futuro de sus descendientes.

    En definitiva, que la buena vida que llevan los españoles mayores está en buena parte sostenida sobre la precariedad y la pobreza latente de los jóvenes. Pero como existe el colchón familiar las estadísticas de pobreza juvenil quedan muy maquilladas y se oculta la realidad.

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