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El blog de Silverfox

Becarios públicos

    El becario público ocupa el escalafón más bajo dentro de los trabajadores de la Administración, es el último mono, por decirlo de una forma coloquial pero clara y comprensible.

    Generalmente, sufren condiciones laborales tercermundistas, raramente llegan a 1.000 euros de sueldo (excepto los becarios de investigación, que tienen un status algo mejor), no se rigen por el EBEP (Estatuto Básico del Empleado Público) y no gozan de muchos derechos propios de los empleados públicos: no cobran complementos ni pagas extras, no tienen contrato ni están dados de alta en la Seguridad Social. Tampoco el tiempo trabajado como becarios se les suele tener en cuenta como mérito a la hora de presentarse a oposiciones ni, en general, para su currículum.

    Eso sí, para compensar todo esto a muchos se les permite apuntarse al paro (aunque ese derecho se tiende a restringir y cada vez se ponen más trabas en este sentido: por ejemplo, en la UNED tener una beca de colaboración en tareas investigadoras o de prácticas en empresas es incompatible con la inscripción en las oficinas del INEM, todo sea por maquillar las estadísticas del paro) y en algunos sitios (como sucede en bastantes universidades) la gran mayoría de los becarios se dan de alta en el INEM para coger antigüedad y acceder a algunos derechos por estar oficialmente parados, como rebajas en el billete de autobús (lo que en algunas ciudades se llama "bonobús solidario") o al apuntarse a cursos y oposiciones, o bien con la esperanza de que algún día les ofrezcan un trabajo mejor que les permita renunciar a su beca (no es muy frecuente, pero he conocido a unos cuantos que han tenido esa suerte, en parte porque les dan preferencia al tener más antigüedad).

    En cualquier caso, el número de becarios que trabajan en la Administración Pública ha subido como la espuma en los últimos 15 años y cada vez son más las universidades o instituciones estatales, autonómicas y hasta locales que convocan becas "de formación" (en realidad, empleos encubiertos) para hacer trabajos que deberían ser desempeñados por funcionarios o personal laboral contratado y cobrando la mitad o la tercera parte de lo que les correspondería (más teniendo en consideración que generalmente a los becarios se les exige tener un título universitario, es decir, el mismo nivel de estudios que a los funcionarios de los grupos A1 y A2, equivalentes a los grupos A y B de toda la vida).

    Sin embargo, alguna gente tiene la idea de que los becarios son altamente productivos y algún idiota (no me gusta insultar a nadie, pero no se me ocurre llamarlos de otra manera) ha llegado a proponer la idea de quitar funcionarios y sustituirlos en muchos sitios por becarios (aunque en realidad se viene haciendo ya: se jubilan funcionarios o laborales y, en su lugar, se convocan becas para ocupar sus puestos).

 

    Al fin y al cabo, idolatrar a los becarios, considerándolos como el paradigma de la productividad, es tan absurdo y ridículo como pensar que todos los funcionarios son unos vagos y unos acomodados. Hay funcionarios muy eficientes, altamente productivos y que hacen estupendamente y con gran interés y dedicación su trabajo, al igual que hay muchos becarios que pasan gran parte de su jornada laboral enganchados a Facebook o Tuenti o colgando fotos de la boda de su prima o del último almuerzo con sus amigos en Flickr o Fotolog.

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