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El blog de Silverfox

El manifiesto de los inútiles

       Ahora que se habla tanto del cambio de modelo productivo (historia que nos cuentan mientras recortan presupuesto en I+D+i, e invierten 8000 millones de nuestro dinero en más ladrillo, por no hablar de los 150.000 millones que el Gobierno regaló a los banqueros hace un año), no puedo dejar de pensar en este país esperpéntico. Aquí ser inteligente está mal visto. Es poco social. Levanta repulsa y envidia. Y ahora nos intentan vender la burra de que esto va a cambiar.

    El hecho:

    Mientras un fontanero, albañil o paleta que apenas sabe escribir su nombre se ha estado levantando tranquilamente 3.000-4.000 euros mensuales de media durante los últimos 10 años, un bioquímico se resignaba a ir a la universidad y estar hasta los 25 años sin ver un duro. Mientras, su vecino el fontanero le restregaba el BMW recién comprado por la cara y su guapa novia de 1,80.

    Y el pobre bioquímico (quién te mandaría), hora tras hora de estudio después de tomar apuntes interminables en la universidad, soñando con que le den la oportunidad de investigar los factores de transcripción involucrados en la genética del cáncer que algún día salvarán la vida de su vecino, lo único que encontró fue tener que quitar la licenciatura del currículum, para que no lo tiraran a la basura y tuviera la oportunidad de trabajar de dependiente en alguna tienda de telefonía móvil.

    Y ahora, además, tiene que aguantar como mientras para los inútiles fluyen miles de millones entre rescates inmobiliarios, subsidios o Planes E para él sigue sin haber nada, ni rescates, ni becas, ni empleo… nada, excepto un suculento recorte en I+D+i.

    Y cuando hablo del bioquímico, hablo de la enfermera mileurista que se desvive por sus pacientes en jornadas interminables, del físico que cuelga anuncios de clases particulares en las farolas, del fisioterapeuta que en cualquier país cobraría cuatro veces más, del químico que a sus 30 años vive en casa de sus padres y está pensando en heredar el piso, del periodista que trabaja de camarero, del ingeniero con el culo rojo todavía de exámenes de dinámica de fluidos o del emprendedor que quiso soñar con crear… de cualquiera que haya intentado tener un par de huevos y no aspirar a vivir del ladrillo o pegar un braguetazo.

    Luego crea en ideologías baratas:

    La pseudo-izquierda (aka PSOE, nada que ver con la izquierda auténtica que gobierna, por ejemplo, en Cuba y Venezuela), podría haberse dedicado a las cosas buenas que se le suponen a la izquierda: inversiones productivas en la sanidad pública de la que tanto hablan o institutos y centros de investigación públicos de tecnología. Pero no. Ni rastro de la izquierda.

    La derecha de siempre (aka PP), podría haberse dedicado a las cosas buenas que se le supone a la derecha: eliminar los trámites burocráticos absurdos que existen en España para crear una empresa, o atraer inversiones y empresas tecnológicas a España. Pero no. Ni rastro de la derecha.

    Pseudo-izquierda y derecha clásica (en realidad, de derechas ambos partidos) se han estado dedicando a insultar a la inteligencia de los españoles. A atracar, asaltar, y robar a la gente que se ha partido los cuernos estudiando, y dárselo a inútiles y especuladores.

    ¿Por qué tenemos que estar siempre rescatando a los más inútiles e improductivos? ¿Quién rescata a la gente que se ha dejado los cojones estudiando y que tiene las mismas dificultades (si no más) que nadie para trabajar, y ha cobrado infinitamente menos dinero que cualquier sector no cualificado?

    Ponga un rato la TV: actores porno, barriobajeras que se han acostado con algún famoso de medio pelo (tipo Belén Esteban), toreros y futbolistas que no saben ni hablar y dan vergüenza cada vez que abren la boca. Ladrones, estafadores, y drogadictos de toda clase. Ah, y graciosos del Club de la Comedia. Esos son los que han triunfado en el país.

    Repitan conmigo: ¡Abajo la inteligencia! (y nos quejábamos de Franco y su troupe).

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